Quien come ya no está solo
He maullado, maullado dice el monstruo, sólo
encontré aullidos que aseguraron que él estaba
muerto. Jamás seré prolífico. Quienes lo son tienen
empero cualidades. Confieso que no me conozco
ninguna. Soy Solitario. Tengo hambre, tengo hambre.
He aquí que me descubro una cualidad;
estoy hambreado. Busquemos qué comer.
Quien come ya no está solo1 Lacan, J (1956) Seminario 3 Las psicosis. Ed. Paidós. Pág 460 .
J, Lacan finaliza la última clase del Seminario 3 “Las psicosis” aludiendo a este Monstruo que encontró “la clave analítica”; se trata de Chapalú, poseedor de una cabeza de gato, cuerpo de caballo y cola de león, personaje de la obra “El encantador pudriéndose” del poeta Guillaume Apollinaire.
Lacan se detiene en esta “bella página” de la obra: está allí el encantador en su tumba, que, como todo muerto, habla muy bien; está también la dama del Lago, quien fue la que con trucos hizo entrar al encantador a su tumba, aparecen allí las esfinges (víctimas voluntarias del banquete de este monstruo), algunas serpientes y diversos personajes extraídos de la mitología y de las oscuridades del bosque.
Leyendo la obra, que podrán encontrarla en “Referencias en la Obra de Lacan” N°10,2Publicada por primera vez la obra completa y traducida al español del “Encantador pudriéndose” con notas, que no están en el original y que constituyen una interesante investigación. publicación de la Biblioteca de la Casa del Campo Freudiano, fui en búsqueda de la aparición en escena de este monstruo y les comparto mis lecturas e interrogantes: es el apetito el que pone en contacto al monstruo con los otros seres, su aparición en escena en la obra está condicionada por el rebaño de pan: las esfinges y los hermafroditas. De éstos, no le interesa la sabiduría ni las cualidades, ni si son hombres o mujeres; es un solitario y si se espera algo de él se corre el riesgo de morir de inanición. Muestra también que es en la devoración donde encuentra la sin razón, que en el saciarse está el trabajo de sus mandíbulas y de su lengua golosa.
¿Encontramos en ello el modelo que Freud toma del autoretismo, la boca que se besa a sí misma? La satisfacción pura del goce. ¿Está en el “sin razón” lo indomesticable de la pulsión?
Esto me hizo pensar en la paradoja fundamental de la pulsión, la distinción del autoerotismo y el heterotismo. Miller en el “Otro que no existe y sus comités de ética”, nos dice que la pulsión oral no es lo comestible, sino el objeto que permite a la boca gozar de sí misma y que, en este autogoce se necesita de un objeto de naturaleza indiferente, se necesita de un heterobjeto. En este circuito se funda un lazo entre el campo pulsional y el campo del Otro… ¿el que come no está solo?
Para finalizar, les comparto esta invitación preciosa que encontrarán en el prólogo de la revista antes mencionada: “Para el analista, el estudioso o simplemente el lector de la obra de Lacan, la consulta de los textos que cita en sus Escritos y Seminarios es una parte ineludible de ese ejercicio, apasionante, que es trabajar con la teoría de orientación lacaniana”3Referencias en la obra de Lacan N°10. Biblioteca de la Casa del Campo Freudiano. .
Boletín hacia las X Jornadas del Departamento de Investigación de Psicoanálisis con niños y adolescentes CIEC- NRC
¡¿α comer?! La pulsión oral
Lucía Paira Galán: Adherente al CIEC. Participante de la comisión de las X Jornadas y del Curso Anual del Dpto de Investigación de Psicoanálisis con niños y adolescentes. CIEC-NRC

