Niños ¿solos?
Argumento
Nos encontramos muchas veces ante una incontenible ola de sentido que hace resonar la idea de que niños y adolescentes están solos, sueltos, sin Otro. Asistimos a esta afirmación que se extiende en una deriva con efectos diversos, y que en esa universalización del fenómeno desconoce la singularidad de ese estado: la soledad.
El Departamento de Investigación de Psicoanálisis con Niños propone el siguiente tema para sus VI Jornadas: Niños ¿solos?
Enunciación que nos remite a una supuesta afirmación del Otro social, al mismo tiempo que interpela dicha soledad para interrogarnos:
¿Con quién juega su partida el niño?
La época del Otro que no existe nos introduce en una dimensión donde los ideales se han trastocado, cayendo muchos de ellos. Los tipos de pareja es una de las estructuras más intervenidas a partir de la caída del Nombre del Padre, los formatos clásicos, han sido reemplazados en muchos casos por modalidades más plurales y diversas.
En ese sentido, la soledad como un estado del ser humano también ha sido deconstruida de alguna manera, y los modos de hacernos acompañar no son los mismos del siglo XX.
El psicoanálisis no desconoce esas transformaciones, sino que las tiene muy presentes a la hora de una exploración permanente en lo que hace a la experiencia clínica y su devenir. Su orientación es siempre por lo real, y se dirige a captar lo más singular de cada serhablante, conduciéndonos a repensar siempre desde el discurso analítico aquellos axiomas que tan rápidamente hacen eco en otros discursos.
J.- A. Miller afirma que un partenaire es aquel con quien se juega la partida.
Un niño puede jugar su partida con el Otro, con los otros, pero también con sus objetos -gadgets o no-, con sus ficciones, con su pensamiento, con su cuerpo. El partner (socio), puede ser el amigo, la mascota, las pantallas, los novios… el analista.
El analista es un partenaire para todo aquel que le dirige un sufrimiento, ya sea puesto en palabras o no. La relación con el partenaire en la clínica no es un complemento sino un pivote de la experiencia.
Interrogar si un niño o un adolescente está solo, es diferente a situar que “es sólo”, ya que -por ejemplo- cuando la soledad es una condición de existencia, tal vez no se padece, sino que lo que se sufre es tener que hacer lazo con el otro. De lo cual podemos deducir que hay soledades mortificantes y soledades satisfactorias; y aun así cada una de ellas no están hechas de la misma estofa. Es un tema apasionante para desplegar.
¿Qué decimos los analistas sobre la soledad de los niños y adolescentes? ¿Qué satisfacción se juega en el “solo”? ¿Se trata siempre de soledades, o asistimos a nuevas modalidades de lazos? ¿Cómo localizamos esas singulares maneras de proveerse una compañía? ¿Cómo juega su partida el niño con el partenaire analista?
Nuestras próximas Jornadas, serán una magnífica ocasión para continuar la conversación sobre estos interrogantes, alojando el trabajo de investigación que el Departamento ha realizado, como así también las voces de todos aquellos que se entusiasmen a jugar esta partida.


