Responsables: Ana Gallegos y Morena Fernández
Frecuencia: 2° y 4° viernes, 15 hs.
Modalidad: presencial – Auditorio del CIEC, Miguel C. Corro 63, Córdoba
Inicia: 27 de marzo de 2026
Contactos: anamgallegos@yahoo.com.ar, morenafer2001@yahoo.com.ar
En el Seminario de “La Angustia” encontramos desplegadas las cinco formas del objeto a, las tres freudianas: oral, anal y fálica; y las dos lacanianas: escópica y vocal. En este primer registro del objeto a, correspondiente a la lista de las pulsiones diseñada por Freud y ordenada por Lacan, el goce es presentado como el objeto a de la pulsión.
Cuando hablamos de lo “oral” nos referimos a “chupar, devorar, absorber”, acciones canibalísticas comprometidas con la vida, que enlazan al pequeño niño con su madre. Ella es quien satisface con plenitud al niño en el tiempo que dura la lactancia, bajo el telón de fondo de la muy conocida “prematuración del cachorro humano”. Pero, ¿es ella quien satisface al niño? Puesto que muy prontamente de la satisfacción alimenticia se desprende una nueva satisfacción, la del chupeteo sin finalidad nutricia, una satisfacción localizada en la boca que puja por su repetición a partir de los objetos propicios: el dedo, la lengua, el chupete… la lista es amplia y variada.
La emergencia de esta nueva satisfacción, sustitutiva, tiene el carácter de un desprendimiento, ella se independiza de la necesidad e instaura la repetición en tanto búsqueda de un placer. Detrás de la demanda alimenticia hay algo que no podrá ser colmado nunca. La dimensión del deseo surge entonces entre la necesidad y la demanda. Y el objeto a toma valor como objeto causa del deseo. Es decir que el objeto a es anterior al deseo, y no en su después como meta.
Así, Lacan presenta el objeto “seno” no como una parte del cuerpo de la madre, sino como una parte del cuerpo del niño, del cual él mismo tendrá que separarse. En esa separación de una satisfacción pulsional, el niño hará la experiencia de la falta, y se inscribirá en los laberintos del deseo, no sin reencontrarse con el deseo del Otro.
Miller nos indica que, si bien pulsión y deseo se articulan por el objeto a, eso no elimina una diferencia esencial. El deseo es siempre una nostalgia, es el objeto perdido; en tanto la pulsión es la satisfacción, el objeto encontrado.
Por otro lado, en los inicios de su enseñanza Lacan nos ofrece otra dimensión del objeto oral en la anorexia mental, en la que el niño come nada. Aquí, el objeto nada se articula a la falta, al Otro y su inscripción en la dialéctica del deseo. Más adelante, tomará a la “boca cosida” como el modelo del autoerotismo, instancia pura de la pulsión oral cerrada en su satisfacción. En su última enseñanza, dirá que la boca es cosida sobre la nada como puro objeto de goce, goce del Uno que no permite esperar ninguna relación al Otro.
En el recorrido de nuestra investigación, siempre al ras de la clínica, intentaremos leer a Lacan en bloque. La propuesta es trabajar estos conceptos en relación a estas y otras cuestiones, resignificando los instrumentos analíticos con que contamos desde la perspectiva última, para promover la invención del sujeto de un nuevo modo hacer frente al empuje de la pulsión.



